
Las organizaciones se transforman con el paso del tiempo; la forma en que se produce esa transformación es un indicador de su crecimiento y desarrollo. El crecimiento es el incremento de algo (por ejemplo, más productos, más locales, más m², más ventas), mientras que el desarrollo indica una evolución, es decir, un cambio cualitativo y cuantitativo de un estado a otro como producto de un proceso de transformación progresiva.
Las denominadas “crisis de crecimiento”, suelen ser “oportunidades de desarrollo”, ya que lo que se vislumbra es un aumento no acompañado de la generación de las condiciones internas que fortalezcan y movilicen ese desarrollo.
Esas oportunidades de desarrollo implican inversión en las personas, en herramientas, en fomentar relaciones internas y externas virtuosas, en tecnología, en capacitación, en lo que genere un buen espacio de trabajo que permita aprovechar y potenciar ese crecimiento.